En el capítulo anterior, dimos especial importancia al paralelismo del desarrollo de las orquestas hasta el periodo barroco, debido a las necesidades del pensamiento del compositor, con el nacimiento de una nueva figura denominada “Director de Orquesta”.

Pasemos al periodo del Clasicismo, cuyos principales exponentes son Franz Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart y revisemos lo que las investigaciones de musicólogos y grandes músicos han obtenido sobre las orquestas de la época y me permito dar los datos de Nikolaus Harnoncourt en su libro “El diálogo musical”:

Haydn tenía a su disposición a los músicos del príncipe de Esterhaza que estaba compuesta por:

  • 3 a 5 violines primeros
  • 3 a 5 violines segundos
  • 2 violas
  • 2 violonchelos
  • 2 contrabajos
  • más todos los alientos a 2

En el London Kings Theatre:

  • 12 violines primeros
  • 12 violines segundos
  • 6 violas
  • 4 violonchelos
  • 5 contrabajos

En este caso, ¡los alientos de madera estaban duplicados!

Mozart, en el estreno del Rapto del Serrallo en la Ópera de Viena tuvo la siguiente orquesta:

  • 6 violines primeros
  • 6 violines segundos
  • 4 violas
  • 3 violonchelos
  • 3 contrabajos
  • Alientos a 2

y para la ópera Mitrídates, en Mailand tuvo:

  • 12 violines primeros
  • 12 violines segundos
  • 6 violas
  • 2 violonchelos, reforzados por 4 fagotes!!
  • 6 contrabajos

Para algunos conciertos de beneficencia, Mozart llegó a contar con.

  • 20 violines primeros
  • 20 violines segundos
  • 10 violas
  • 8 violonchelos
  • 10 contrabajos

¡Los alientos doblados, excepto por los fagotes que se contaban seis!

Esto nos da un claro ejemplo del tamaño de las orquestas de la época y recordamos que la figura del director de orquesta como especialidad aún no existía, sino que la responsabilidad de guiar a la orquesta era la del concertino y el mismo compositor, como lo notamos en la siguiente fragmento que tomo de la revista musical “Pauta” 37 – 40 de 1991 con las Memorias de Michael O’Kelly:

“Recuerdo el primer ensayo con toda la orquesta. Mozart estaba en el escenario con su camisa carmesí y su sombrero alto con galones de oro, marcando el compás a la orquesta. El aria de Fígaro: “Non piú andrai, farfallone amoroso” fue cantada por Bernucci con una animación y una potencia de voz grandísimas.

Yo estaba al lado de Mozart, que repetía soto vocee: ¡Bravo! ¡Bravo Bernucci”, y cuando Bernucci llegó al pasaje final: “Cherubino, alla vittoria, alla gloria militar”, que cantó con voz estentórea, el efecto produjo como una descarga eléctrica lo mismo sobre los actores del escenario que sobre los miembros de la orquesta que, como agitados por un sentimiento maravillado, gritaron: ¡Bravo! ¡Bravo Maestro! ¡Viva, viva el gran Mozart”. Creía que la orquesta y los músicos no pararían de aplaudir, golpeando los pupitres con sus arcos. El autor expresó su agradecimiento por las extraordinarias muestras de entusiasmo que le demostraban, inclinándose varias veces…”

Y, ahondando más en el tema de la importancia del compositor como su propio interprete, en este caso con una obra orquestal, les ofrezco la carta de Mozart a su padre fechada el 3 de julio de 1778 desde París:

“He tenido que hacer una sinfonía para abrir el concert espirituel … realmente ha gustado. Durante el ensayo me sentí inquieto, pues no había oído a lo largo de mi vida algo peor; no se puede imaginar usted, cómo han dado pitidos y restregado dos veces la sinfonía… yo la hubiera ensayado una vez más, pero como había muchas otras cosas que ensayar, no hubo más tiempo… Durante el concierto la sinfonía empezó e inmediatamente vino en el primer Allegro un pasaje que sabía yo bien, iba a gustar, en efecto todos los oyentes se entusiasmaron – se oyó un fuerte aplauso – y como yo sabía, cómo estaba escrito y qué efecto causaría, entonces lo repetí al final – ahí vino da capo. El Andante gustó también, pero especialmente el último Allegro, como oí que aquí todos los Allegro comenzaban en unísono con todos los instrumentos al mismo tiempo, exactamente como en los primeros movimientos, empecé con los dos violines solos en piano durante ocho compases -después venía un forte- entretanto, en el piano los oyentes hicieron sh… tal como yo esperaba y entonces vino el forte que apenas escucharon, y aplaudieron todos al mismo tiempo”.

José Luis Bustillos Terreros
Director de Orquesta. Inició su formación musical en su natal Chihuahua, posteriormente en el Conservatorio Nacional de Música y el Centro Cultural Ollin Yoliztli, en la dirección orquestal asistió a la Escuela Pierre Monteux y a cursos en la Rep. Checa. Como docente se ha desempeñado en la Escuela de Música Vida y Movimiento del C.C.O.Y. y desde 2004 en la Escuela Superior de Música del INBA De 2012 a 2015 fue titular de la Orquesta Sinfónica de Coyoacán y de 2004 a la fecha Director Artístico de la orquesta Sinfónica de Alientos de la Delegación Cuauhtémoc.